Abogado de ciudad grande o pequeña: ¿Importa tanto cómo crees en dónde vas a ejercer la abogacía?

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Existe una imagen que la profesión jurídica lleva décadas mostrando sin cuestionarse nunca: el abogado exitoso trabaja en un edificio de cristal, en Manzana 40 o en la Green Tower, no hay más. Lo hemos visto en series, lo hemos escuchado en la facultad, es algo que damos por hecho en nuestras propias charlas entre compañeros de la u.

Y esa imagen tiene tanto poder que muchos abogados toman decisiones de vida enteras basadas en ella. Dónde vivir, a qué ciudad mudarse, qué casos aceptar, qué rama llevar. Todo orientado por una geografía del éxito que asume, casi sin decirlo, que a mayor tamaño de ciudad, mayor oportunidad.

Quiero discutir un poco esa idea. No para convencerte de que las ciudades grandes no sirven — sirven, y hay nichos del derecho donde son irreemplazables. Lo que quiero es que tengas la historia completa. La que incluye todos los lados de la historia.


Tres historias. Tres partes diferentes del mundo. Una misma conclusión que ninguno de los tres pudo haber llegado de manera teórica.

¿Por qué las ciudades del Eje troncal siguen siendo el imán?

Primero lo justo: la concentración de oportunidades en las grandes ciudades no es un mito. Es una realidad global con una lógica histórica clarísima. Debe estar donde están las grandes empresas, la central de los bancos, las instituciones públicas más corpulentas, ahí debe estar el abogado que quiera estar cerca de las corporaciones más grandes de hoy.



La geografía del poder determinaba la geografía del derecho.



Ese modelo sigue teniendo peso en ciertos nichos. Las firmas que gestionan el ingreso de las multinacionales al país, arbitrajes internacionales, due dilligence de envergadura — esas siguen innegociablemente concentradas en el eje central, y para ejercer en esos terrenos es una condición estar en las ciudad grandes.


Pero hay algo que ese modelo no contempla, y es lo que quiero plantear: que la mayor parte del derecho que se ejerce en América Latina y en el mundo no ocurre en esos niveles. Ocurre en contratos de compra-venta entre personas naturales, en litigios civiles y laborales, en temas de familia, en asuntos de derecho municipal, en registros en derechos reales, en disputas que afectan la vida y libertad de personas comunes como tú y yo. Y todo eso ocurre sin importar cuántos habitantes hay por metro cuadrado.

Naces, creces, estudias derecho, ejerces en pueblo pequeño, mueres.

Eloy cuenta en su blog (léelo aquí👈) creció, estudió y ejerció el derecho en su pueblo en España con sólo 3.000 habitantes. Como todo en esta vida tiene su lado bueno y su lado malo.


La primera regla que descubrió es que el networking (o sea conectar con gente y hacer negocios) no se planifica: solo pasa. Pasa en la tienda local con vecinos, en la plaza con tu familia, en el matrimonio que reúne ex compañeros de colegio. No hay campaña de publicidad que iguale el boca a boca de un pueblo pequeño. El juicio que ganaste la semana pasada ya lo sabe medio pueblo antes de la misa del domingo.



Claro que esto tiene dos cara en la moneda. Un caso bien llevado tiene efecto multiplicador, pero cuando fallas se entera el poblau antes de que hayas llegado a casa desde la oficina. Esa presión para Eloy (quien nos cuenta su experiencia), lejos de ser un lastre, se convirtió en su mayor motivación para rajarse en cada caso.


Segunda regla: quieras o no te vuelves el abogado que dice:

“Tranquilo porque conozco al juez, conozco al fiscal, al investigador, al abogado de la otra parte y encima al paco”

Porque trabajas con ellos todos los días. En las ciudades medianas y pueblos pequeños todos están interconectados, algo que tarda más en ocurrir y gestionarse en ciudades grandes.

Se vale un abogado que prefiera lo rural a la gran ciudad.

Hay historias que son más difíciles de descartar que otras. La que nos cuenta un abogado estadounidense anónimo de Ashland, Wisconsin, es una de esas historias (también la lees aquí, 👈pero en inglés).

Muchos acá se identificarán con nuestro colega anónimo.


Se graduó Magna Cum Laude en una ciudad capital donde ganó una beca, tuvo una pasantía en una gran firma que le permitió iniciar su carrera de abogado rodeado de abogados de otros países que venían para darlo todo y empapado de ostentosos estilos de vida como los abogados de grandes firmas acostumbran. Conoció ese mundo, entendió sus reglas, y luego tomó una decisión que en muchos círculos se leería como un paso atrás:


Se fue a un pueblo de ocho mil habitantes al norte de
EE.UU. donde había crecido cerca del lago.


No porque fracasara en la ciudad. Sino porque se hizo una pregunta que muy pocos se hacen con esa claridad antes de tomar decisiones de carrera:

¿Cómo quiero pasar el tiempo cuando no estoy trabajando?


Es posiblemente la más importante de todas. Muchas veces la vida profesional puede absorber tu vida incluso una profesión tan independiente y flexible como el derecho. Él decidió que la ciudad estaba bien, pero decidió que quería vivir en la misma casa donde creció, y me parece muy pero muy excelente decisión.

Once años después de esa decisión, el balance es el que él mismo describe sin adornos: cinco hijos, una casa que es definitivamente su casa, una práctica legal variada que lo mantiene intelectualmente activo — penal, familia, contratos, derecho municipal — debes ser especialista en lo común, maneja con excelencia los casos que pasan en la cotidianidad.


Si no eres de los que está en esto para los rankings, ni los foros ni mucho menos, puedes tener un futuro brillante ahí mismo desde donde me lees.

Iniciar en el pueblo no significa estancarse en el pueblo

¿Consideras que es una desventaja empezar a ejercer desde una ciudad pequeña? 


Ahora imagina ser el primer abogado de tu familia, que en tu pueblo todos los abogados vienen de estirpes ancestrales de abogados por generaciones y a eso sumale que para ejercer debes saber inglés y que ese no es tu idioma.

Hay historias de éxito que empiezan con una ventaja. Y hay historias de éxito que empiezan con un abrigo de segunda mano comprado a cuotas. La de Haresh Raichura es del segundo tipo, y eso la hace más interesante que la mayoría.

No quiero explayarme con esta historia porque es realmente inspiradora (y larga también), pero tiene una parte esencial que repercute en lo que estamos hablando aquí.

Esta abogada con una ética y valores muy admirables empezó ejerciendo desde un pueblo pequeño y llegó a ser parte del Tribunal Supremo de la India. Por rechazar trabajo corrupto con policías, loteadores, medicos avariciosos pasó momentos dificiles donde sintió que la profesión no era lo que ella esperaba, su primer trabajo como abogada junior fue no remunerado y tuvo que buscarse un trabajo los fines de semana yendo a las aldeas cerca de su pueblo a hacer pequeños trabajos.

Ella menciona bastante, que con la mentalidad correcta – coincido totalmente – aunque te pongan todos los obstáculos que te imagines, puedes escalar mucho más arriba de donde imaginabas. 

Su historia desmonta uno de los argumentos más frecuentes para justificar la migración hacia las grandes ciudades: que allí están las oportunidades, y que si no estás ahí desde el principio el ascenso es imposible. Raichura demuestra lo contrario. Demuestra que el punto de partida geográfico importa menos que el punto de partida. Que se puede subir desde un ‘tribunal de provincia’ hasta la corte más alta del país, sin apellidos, sin atajos, sin rendirse.

Mi perspectiva

Cómo abogado que tiene menos de 1 año la ciudad más pujante del país como es Santa Cruz, viniendo de una ciudad 5 veces más pequeña como es Sucre, la ciudad más hermosa del país puedo decirte lo siguiente:


Tres puntos clave que debes tomar en cuenta para tomar la decisión de ejercer en una ciudad grande o pequeña ordenados de menor a mayor impacto:


3. Boca a boca en ciudad pequeña es más fácil.


Aunque constantemente digo que mientras más visibilidad (entiéndase publicidad) generes mejor te va a ir. Esta publicidad no sustituye al boca a boca que sigue siendo el canal de recomendación más fuerte en el mundo jurídico, ya sea en Bolivia, Perú, Chile, Brasil,
EE.UU o España, donde quieras.



2. Ingresos netos competentes son por costos de vida altos.


La rentabilidad neta también merece ser tratada con honestidad. Los ingresos brutos de un abogado en ciudad grande pueden ser más altos, pero los costos de vida también lo son: alquileres, transporte, alimento y costo de vida en general más costoso. Cuando se analiza lo que queda al final del mes, la diferencia entre ejercer en ciudad grande y en ciudad mediana puede ser mucho menor de lo que parece — e incluso puede invertirse.


1. Especialización sin competencia


Y hay una tercera ventaja que se menciona menos: la especialización sin competencia. Existe la creencia de que especializarse solo es viable donde el volumen de casos lo justifica. Pero en ciudades medianas donde hay poca oferta especializada, un abogado que desarrolle expertise en un área concreta puede convertirse rápidamente en la referencia local sin competencia. No es lo mismo ser uno de quinientos abogados laboralistas en la capital que ser el único abogado laboral que entiende el sector agroindustrial en tu región.

Resumen y conclusión

La pregunta de dónde ejercer la abogacía no tiene respuesta universal. Lo que sí tiene es una lógica que se parece mucho a la del derecho mismo: todo depende del contexto, de los hechos concretos, de la situación particular de cada profesional.


¿Cuál es tu área de práctica? ¿A qué tipo de clientes quieres servir? ¿Qué valoras más: un crecimiento exponencial o la autonomía cotidiana? ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a invertir antes de ver resultados en un mercado donde eres uno más entre miles?

Lo que Eloy, el abogado del norte y Raichura tienen en común es que los tres tomaron una decisión estratégica consciente: eligieron donde ejercer, sintieron que era lo correcto y dieron lo mejor sin importar nada más. 

Quedarte en tu ciudad o mudarte al Eje Central del país. Ninguna de las dos opciones es la correcta. Ambas pueden serlo.


Si estás en ese momento de definir hacia dónde va tu práctica, en
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¿Quién escribió esto?

Mi nombre es Geber Gómez Céspedes, soy abogado y contador de profesión, pero emprendedor y empresario de pasión.

Desde el 2017 vengo desempeñándome en el ámbito empresarial, desde empleado hasta miembro de Directorio de una institución privada.

Si hay algo que disfruto hacer, es ayudar a las empresas pequeñas o medianas a que buscan CRECER o que se tienen serios problemas y los necesitan RESOLVER.

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